
«Uno es por lo que lee,
no por lo que escribe»
J.L. Borges
- Hace unas semanas leyendo esta frase me planteé a mí misma, obvio lo de a «a mí misma» cuando he usado ya el pronombre átono que no, «a tono», tenemos aquí cierta ambigüedad de esas de las que ponían colorado a cierto profesor de la carrera (no de la de fondo sino de la universitaria, imaginen ahora mismo que les estoy enseñando la lengua, no por ser maleducada sino porque es marca de la casa).
Bueno, dejando a un lado las tonterías, tiene narices comenzar el post con una cita de Borges, por cierto, para quienes no lo sepan, el 24 de agosto se celebra (hablo de todos los años, este año ya nos hemos finiquitado agosto) el día del lector porque se conmemora su nacimiento; como decía: soy un desastre, empiezo el post con una cita suya para terminar desvariando por culpa de la posibilidad de que un pronombre átono esté «a tono». Lo siento, chiste malo de filólogos.
Bien, corramos un tupido velo y regresemos al inicio del post: hace unas semanas al leer la cita del genio argentino me pregunté: «si eres lo que lees, ¿qué imagen das al resto del mundo». Entonces me di cuenta que poco conoce el resto del mundo de lo que leo y dejo de leer, si es cierto que de cuando en cuando, subo alguno de los libros que he leído o ando leyendo, pero no todos suben al olimpo de Instagram. ¿Por qué? Una no subo todo lo que hago o dejo de hacer, eso lo primero, segundo, jamás hablo de un libro que no me ha gustado, porque no quiero influenciar (ja, ja, ja, aquí dándome ínfulas de influencer), al fin y al cabo, que a mí no me haya gustado no quiere decir que sea bueno o malo.
Dejando eso a un lado lo importante del asunto es, ¿qué soy teniendo en cuenta mis lecturas? Bien, pues, he de tener una personalidad de lo más variopinta, porque por mis manos pasa de todo, pero lo importante del asunto, en realidad, no es centrarnos en la personalidad, sino que te construyes como persona. La lectura te da alas, te permite hilvanar conocimientos, tener capacidad crítica, viajar dentro y fuera de nuestras fronteras, por eso, se suele decir que un lector es más difícil de ser engañado.
Ahora dejemos a un lado todo este batiburrillo filosófico con el que espero no estar aburriéndote y contéstame a una pregunta: ¿Te has planteado alguna vez qué tipo de lectora (uso el femenino porque sé que mi público es más femenino que masculino) eres?
Muchos son los diferentes tipos de lectores, te presento algunas de las posibilidades:
Polígamo: adora leer muchos libros al mismo tiempo, nunca mezcla las historias o los personajes.
Monógamo: se dedica en cuerpo y alma a un libro, nada de leer dos o más historias a la vez.
Aventurero: si tiene letras lo lee, le encanta descubrir nuevos géneros y autores.
Introvertido: fiel a un género, analiza y pondera la historia, se identifica siempre con alguno de los personajes.
Altruista: dícese de aquel que, además de leer, recomienda sus lecturas a familiares y amigos.
Hater: aquel que, en realidad, no disfruta de la historia, siempre busca pegas a lo escrito y considera que lo haría mejor que el autor.
Neurótico: se distrae con facilidad, le cuesta concentrarse en la lectura, rara vez es atrapado por la historia, así que rara vez termina un libro.
Muchos más calificativos podríamos darnos a los lectores, por ejemplo, podríamos hablar del esnob, ese que jamás de los jamases me leería a mí, por decir un ejemplo, ¿cómo leer comedia romántica? ¡Por Dios! También tenemos al de lectura postpuesta, dice que le encanta leer, su problema, encuentra algo nuevo y deja el anterior a la espera de que llegue su momento. Muy probablemente, cuando vuelva a coger el libro no entienda el porqué no lo leyó antes.
¿Qué me dicen del lector de postureo? Sí, todos conocemos a alguien que compra este, ese o aquel libro solo porque «queda bien» decir que lo has leído, aunque no haya pasado más allá de la portada. Y ¿qué me dicen del desacompasado a su edad? Por ejemplo, recuerdo que a los diez años me regalaron La Colmena, simplemente, porque leía todo lo que caía en mis manos, lo leí, como era obvio, puedo decir que no la disfruté tanto como cuando la leí con unos años más.
Pero, no solo hay niños que leen supuestas lecturas de mayores, también hay adultos leyendo literatura infantil y juvenil. Durante un tiempo yo misma lo hice, claro que no era lo mismo porque era mi trabajo e intentaba meterme en la piel del público de esa edad y juzgarla acorde a sus ojos y no a los míos, mi gran ayuda ahí fue el pródigo. Ese, ese sí que es crítico, no hubo un solo libro en la etapa de infantil al que le diera carita sonriente, porque los catalogaba como simplistas e infantiles, ja, ja, ja, problema de cuando has nacido con un libro bajo el brazo, no lees Las aventuras de Teo al ritmo de los Cantajuegos sino prefieres retar a tu madre a inventar historias dándole tú los personajes.
Hala, y ahora, tras esta larga parrafada me cuentas qué tipo de lectora eres. ¿Te sientes identificada con alguno de los tipos, eres una simbiosis de varias o algún nuevo genotipo? Recuerda que te leo… Ah, si me quieres hacer un enorme favor dile a mi vecina que baje la música, mare de Deu, cuánto entiendo a Antoine ahora mismo, prefiero su música para dormir o ejas, ja, ja, ja. Sí has leído Historias de mi escalera entenderás el comentario, si no es así YA NO TE AJUNTO.
Muaaaaackis….muaaackis
Elva
Añadir comentario
Comentarios