Diatribas de una escritora: Creando personajes.

Publicado el 3 de marzo de 2025, 14:05

       La semana pasada comentaba que en una de mis charlas con la IA me había sugerido hablar sobre mis personajes. Tema con el que no fue muy original o, visto de otro modo, igual he de darle la razón porque muchas han sido las veces que ustedes, es decir, mis lectoras, me han preguntado por el proceso de creación de los personajes. Sin ir más lejos, esta misma semana varias lectoras me han sugerido este tema cuando pregunté qué les gustaría leer en mis redes.

     Así que aquí estoy sentada a las teclas con la clara intención de desvelarles ese proceso, aunque estoy segura que no les voy a descubrir la pólvora. Para pólvora la que huele junto a la ventana, ya hoy se ha abierto la época petardil (recuerda que yo te escribo desde tu pasado, para mí es sábado, para ti ya es viernes Guauuu… el tiempo vuela), aún estoy lejos a sufrir un ataque de histeria como Viviana, la escritora mexicana del 9 de la avenida Felicidad, Historias de mi escalera. Sin embargo, mi queridísima mexicana y su manera de crear personajes me ayudará para explicarles mi proceso, porque trabajamos de manera similar.

Los personajes surgen.

     Jamás me he sentado frente a un folio en blanco con la intención de crear a las protagonistas de mis historias, hablo en femenino porque ellas son las que llevan la voz cantante en mis historias. Normalmente, ellas surgen sin más, por ejemplo, la mítica Amanda de Tres no son multitud nació paseando con Gabo escuchando la no menos célebre Dream a Little dream of me. Recuerdo, perfectamente, que la imagen de Amanda bailando con el piratilla al ritmo de la canción surgió en mi mente; cierto es que la imagen fue un copia y pega de algún momento vivido con mi propio y particular pirata, que tiene un año menos que Diego.

     Por si a alguna le pica la curiosidad este próximo 1 de mayo Diego cumpliría 16 años. Poco quedaría de aquel pequeñín parlanchín, de vivir más allá de las páginas de un libro, sería un adolescente; espero por el bien de sus padres que sea más adolescente que aborrescente, ja, ja, ja. Teniendo en cuenta quién me lo inspiró, estoy segura que así sería.

     Tras ella aparecer, un sinfín de preguntas surgieron en mi cabeza, edad, aspecto físico, procedencia, profesión, estudios, gustos, manías. Y ahí sí que me senté frente a mi cuaderno, para crear su ficha. No sé a mis compañeras de teclas, pero yo necesito saberlo todo de esos seres que, durante días, mejor decir meses, algunos como fue el caso de las habitantes del 9, años, van a estar viviendo en mi cabeza. 

      Para que tú, lectora, te creas, empatices con ellas y, en más de una ocasión sientas que cualquiera de ellas podría sentarse a tomarse un café contigo, has de verlas como seres reales; para eso yo he de ser la primera que he de creer en su existencia. He de darles vida como si de la mismísima criatura del doctor Frankenstein se tratara, eso sí, yo no voy robando cuerpos por ahí, aunque por petición popular, más que mía propia, les dé cierto parecido con alguna actriz, cantante…

     Sin embargo, insisto, el físico es el aspecto menos importante de todos, porque, como buena lectora, en tu mente siempre recrearás a tu manera a los personajes de una historia, ¿me equivoco? ¿Cuántas veces al ver una adaptación cinematográfica te has decepcionado con la elección de una actriz o un actor determinado porque no se correspondía con cómo te lo habías imaginado tú? 

      Mi manera de trabajar con un personaje se parece a la de la alocada, voluble y voluptuosamente sensual escritora del 2ºA. Yo le creo una personalidad hasta el punto de verla, de sentirla como una persona real. Ahora te diré, nunca he llegado al punto, tal y como ella hizo, de inscribirme bajo un pseudónimo en ninguna app de citas, pero sí que busco información de la más variopinta. Por ejemplo, si nació en 1995, yo necesito saber qué sonaba en los diales en esos momentos, cuáles fueron las noticias más relevantes, qué se proyectaba en los cines. Incluso me anoto alergias, algo que igual no va a llegar a ti, pero yo necesito conocer esos detalles para estar prevenida de cómo actuaría esa personita en una situación determinada.

     No imaginas lo obsesionada que pude llegar a estar con el mundo CELIAQUIA cuando le daba vida a Patty, ya sabes una de las protagonistas de la Saga Amigas y Treintañeras, que pasados los treinta descubre su intolerancia al gluten. Tanto me metí en su piel que la indignación me invadió al ver cómo aumentaba la cesta de la compra por tener que comprar sin gluten o el horror de la contaminación cruzada. 

     Sí, tengo un problema gordo y es que me sumerjo tanto en la historia y en cada uno de los personajes, que vivo en carne propia sus sufrimientos, claro está, también sus alegrías.

     Una vez en pleno proceso escritoril, hablando con una lectora, Vero, si me lees sabrás que hablo de ti, ja, ja, ja, me dijo que estaba obsesionada con los olores porque yo quería saber cómo olía la ciudad alemana a la que se mudaba una Eva preadolescente en Menta y Chocolate. No digo que no esté yo un poco obsesionada, pero para transmitir sensaciones yo he de conocer esos detalles para recrearlos en mi cabeza y vomitarlos en el papel.

     Probablemente, tú no vayas a conocer tallas de zapatos o si es zurda o diestra o, tal vez sí, pero yo en mis fichas tengo todos esos detalles. Igual no conocerás a sus abuelos, pero yo tengo su árbol genealógico. 

     De ahí que yo no pueda decir que soy brújula al 100%, porque si bien, jamás, tengo el final de una historia claro, más allá del, por supuesto, HAPPY ENDING. Claro que igual mi final feliz no coincide con el tuyo, más de una no estuvo de acuerdo con el final de Carpe Diem, sin embargo, bien happy happy estuvieron después con Con 2 de Azúcar, ja, ja, ja. Como decía si bien los personajes y la trama de su historia surge sin más, yo necesito hacer sus fichas, hacerlos crecer, evolucionar. 

      Otra cosa bien distinta es la trama de la historia, pue, no soy yo quién decido, es más, en alguna ocasión se han colado en mis sueños para decirme: «Así no, Elva, ese no es mi final». Y yo les he hecho caso. De hecho, en Tenías que ser tú en su nueva edición el final cambio, porque si algo sabía era que ni Raquel, ni Roberto ni yo, estábamos de acuerdo con el final anterior.

 

Muaaaaackis…muaaaaaackis

Añadir comentario

Comentarios

Lola
hace un mes

A mí me parece simplemente increíble la idea de crear esos mundos, pero creo que es complicadísimo dar vida a los personajes, especialmente, porque tengo la impresión de que son reales.

Crea tu propia página web con Webador