Diatribas de una escritora: Febrero, mes del amor.

Publicado el 30 de enero de 2026, 8:41

La dictadura del calendario: ¿Caduca el amor cuando desmontamos el escaparate?

     Caminar estos días  por las calles de Valencia o de cualquier ciudad del planeta  es como asistir a un truco de magia rápido, y algo cínico. Hace nada, el rojo era de espumillón y abetos. Hoy, ese mismo rojo se ha transformado en corazones de brilli-brilli y flechas de Cupido. Parece que la industria nos dicta cuándo debemos estar en familia y cuándo debemos estar enamorados. Como si los sentimientos tuvieran un interruptor que se activa por orden comercial.

    Si trasladamos esta estacionalidad de sentimientos al mundo de la literatura te diré que, como escritora de comedia romántica, a menudo me preguntan si mis historias son "para el verano" o "para las Navidades". Y siempre me queda la misma duda:

¿Acaso dejamos de sentir cuando cambia la estación?

    El amor, el de verdad, no entiende de rebajas ni de cambios de escaparate. Una historia que te hace vibrar en diciembre debería tener la misma fuerza bajo el sol de agosto. Sin embargo, nos hemos acostumbrado a consumir emociones con fecha de caducidad, y eso querida lectora es muy triste, a la par que duro. Si estás a este lado de la pantalla, es decir, si tecleas historias, como una servidora, me entenderás a la perfección, ¿miento?

   Es más, ¿recuerdas la célebre frase de "la vida es como una caja de bombones"; a veces pienso que las lectoras de ROMCOM se dan un atracón de bombones, que se indigestan de lo rápido que leen una historia tras otra, siento que no se saborea. 

   Duele, es una sensación dolorosa, la de ver como tras meses de estar inmersa en el  proceso largo, serio y, a menudo, solitario de la escritura, la magia de la historia desaparece en cuestión de segundos. Tras dejarte el alma en una historia, por ejemplo, me remito a la última de esta que te escribe, OCURRIÓ EN NAVIDAD, la ves desparecer del mercado porque pareciera que solo pudiera ser leída en esa fecha. Sí, claro, podía haberla llamado de otra manera, pero entonces no hubiese entrado en el juego del mercado navideño. 

   Sabes, osaré a imitar a Calimero y gritaré: ¡Es una injusticia! Sí, una injusticia literaria. Las historias de amor son refugios, y los refugios no se cierran por temporada. Reivindico el derecho de los libros a sobrevivir a su propio contexto.

   Por eso, hoy desde aquí quiero decirte que sí, febrero nos invita a celebrar el amor, y me parece bien. Pero yo les invito a algo más: a celebrar las historias que permanecen cuando las luces se apagan. Ya sea en un pueblo nevado o en una playa calurosa, lo que importa es ese nexo que se crea entre el lector y los personajes. Ese nexo no sabe de calendarios, solo de verdad. Y ya que estamos, regálate historias, pero sin olvidar de vivir la tuya.

Muaaaackis...muaaackis

Elva

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