Diatribas de una escritora: Febrero, mes del amor.
Caminar estos días por las calles de Valencia o de cualquier ciudad del planeta es como asistir a un truco de magia rápido, y algo cínico. Hace nada, el rojo era de espumillón y abetos. Hoy, ese mismo rojo se ha transformado en corazones de brilli-brilli y flechas de Cupido. Parece que la industria nos dicta cuándo debemos estar en familia y cuándo debemos estar enamorados. Como si los sentimientos tuvieran un interruptor que se activa por orden comercial.
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