Diatribas de una escritora: el síndrome de impostor

Publicado el 14 de agosto de 2023, 9:25

     Mucho se habla del pánico sentido al enfrentarse a la hoja en blanco, a un nuevo comienzo, a no ser capaz de tramar una nueva historia. Yo tengo la suerte de no haber sufrido jamás esa sensación, ese bloqueo de escritor; todo lo contrario, siempre hay alguna nueva historia que me asalta mientras estoy trabajando en otra.

     Sin embargo, si bien el terror no se apodera de mí al iniciar una nueva historia, sí que me paraliza al finalizarla y soltarla de la mano. Todas las dudas e inseguridades me invaden cuando deja de ser solo mía, da igual que las lectoras beta hayan disfrutado, reído, llorado, sentido de cerca a los personajes, el terror a la opinión pública, a veces demoledora, paraliza. Mis compañeras de tecla saben bien de lo que hablo.

    En ese momento, me siento como si estuviera frente a la mesa del profesor esperando por la nota de un examen, obviamente, no hablo del profesorado actual sino al que mi generación sufrió. No exagero al decir que toda tu seguridad desaparece, en ese momento, dejas de creer en ti, en tu valía y en tu historia, para dar paso al SÍNDROME DEL IMPOSTOR.

    Sí, quien más, quien menos lo ha padecido o padece, sentir que no das la talla, que no mereces la etiqueta de escritora. Yo siempre digo que soy profesora, jamás digo «y escritora», puedo decir «escribo», pero no me califico como escritora y, llevo un par de decenas de libros a la espalda, aunque no lo crean, mucho atrevimiento sentí al dar el nombre a esta sección.

    ¿Por qué? No lo sé, tal vez, porque de algún modo no creo que sea mi sitio. Dudas, no sé si existenciales o absurdas que se debaten en mi interior cada vez que publico. De hecho, quizá, ese fuera el motivo principal de tardar en sacar a la luz Historias de mi escalera, de antemano sabía que era una historia difícil, no todos iban a entender que el narrador fuera alguien que no ha nacido, una bebé dentro del útero materno. Y ojo, no es algo inventado por mí, no es ni mucho menos el primer narrador nonato de la historia, si lo decidí así es porque en su mmento cuando leí Tristam Shandy de Lawrence Sterne, me pareció increíble, irónico y divertido, pero sabía que a mucha gente le iba a resultar raro. Si la crítica del XVIII llamó extravagante y la criticó, ¿cómo iba a pretender yo llegar a todo el mundo si solo soy Elva Martínez y no el genial Walter Sterne?

     Y sí, miles y miles de veces he dicho que no a todo el mundo le gusta una novela, lo cual no significa que sea mala, solo que no era para esa persona. Si hay gente que cataloga negativamente a Rosa Montero, a mi adorada Almudena Grandes y se aburre leyendo Cien años de soledad, no puedo esperar gustar a todos; pero soy humana, la inseguridad te vuelve frágil, pero seguiré luchando contra los gigantes, mi querido Sancho...

Muaaaaaackis... muaaaaaackis

Elva

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Comentarios

Vivian
hace 2 años

Te entiendo completamente, lo sufrí y aún lo vivo con el diseño gráfico. Por años he trabajado en esto y no lo había estudiado, aún hoy teniendo mi certificación profesional sigo pensando que no soy diseñador gráfico.

Pero amiga, te lo he dicho muchas veces, olvídate de las personas que no le gusten tus historias, céntrate en los que si lo disfrutamos y esperamos que afiles el lápiz para poder hacerlo. Besitos!

Elva
hace 2 años

Ves, hay quién dice que el síndrome del impostor en los escritores es por no tener un título que certifique lo que eres, yo no estoy de acuerdo, y tú con tu experiencia me lo corroboras.
Sabes que yo, a pesar de mis quebraderos de cabeza, no voy a soltar el lápiz, por aquellos que disfrutan leyéndome y, especialmente, por mí misma que amo hacerlo.
Muaaackis...muaaackis
Elva

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