Viernes tarde. Valencia arde, me cruzo con Lucifer en persona —que caminaba, por cierto, en guayabera, bermudas y cholas— mientras el asfalto es, literalmente, lava volcánica. Si no sabes lo que son las cholas, uno: no eres de Canarias, y dos: no has leído Ocurrió en Navidad. Lo cual, dicho sea de paso, me parece fatal de los fatales. Pero sigamos. Había que cumplir la promesa hecha al pródigo: peregrinación obligatoria a la mítica París-Valencia. Ya sabes, ese templo de libros que, si eres de Valencia, es de obligada visita, y donde se encuentran los tesoros que nadie más tiene. A los hijos no se les puede fallar.
El plan pintaba genial, pero la naturaleza reclama lo suyo y decides que un café previo es buena idea. Spoiler: no lo fue. Entro en el baño de un bar cercano y... el horror. Interruptor lleno de roña, el fondo del váter era un negro abisal que jamás conoció el salfumán, y la puerta daba tanta grima que casi me planteé el uso de pañales.
De no haberme tomado el café, te digo yo que se lo hubiese tomado Rita. Y oye, ahora que caigo, igual si grabo el baño me vuelvo viral, ja, ja.
Pero el drama seguía en el FNAC. Mientras el pródigo y yo cotilleábamos en Ciencia Ficción, un señor, se nos acerca. Escritor, luego s7pimos que era Julio Salvatierra.Estaba allí, solo, vendiendo su libro a puerta fría. Nos soltó una masterclass y lo escuchamos atentos mientras, por dentro, me invadía una tristeza infinita. ¿Una editorial detrás para esto? La realidad del oficio a veces es desoladora.
Y justo al lado, dos chicas discutiendo si comprar la "nueva versión" de un libro solo porque ahora trae los cantos pintados. Me estaba mordiendo la lengua para no decirles:
«¡Dadles una oportunidad a otros!
Al majísimo señor que acaba de soltar su clase magistral o,
claro está, a cualquiera de los míos»
¿Creías que la anécdota terminaba ahí? Ni de lejos. Viaje de regreso, metro a reventar —empezaba el Big Sound— y un generoso —nótese la ironía— decidió compartir su música con todo el vagón. Y ahí, a ritmo de Despacito, me pasaron todas las escenas de la tarde por la cabeza. Pensando en la dicotomía de este momento actual: qué fácil resulta hoy publicar, pero qué batalla de espada y escudo supone vender tu libro en un mercado saturado.
Dime: ¿cuándo entras en una librería, buscas historias con alma, o te dejas llevar por el marketing de los cantos pintados y las portadas que entran por los ojos? Te leo.
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Comentarios
Me has hecho reír, yo adoro París-Valencia e intuyo el bar del súper baño, ja, ja, ja. Horror de los horrores. A lo serio, la verdad es que lo de tener que vender tu propio libro es terrorífico, mira que soy profe y estoy acostumbrada a hablar pero no me imagino vendiendo de esa manera. Ojo, si te plantas en cualquier librería me dices que voy. Por cierto, sabes que compro historias con alma.
¡Ay! Pude visualizar lo que estás contando, pero me ha dado risa porque es que imagino tu cara de horror, la ceja levantada hasta la nuca al entrar baño y NO ES PARA MENOS.
Lamentablemente en estos tiempos el marketing lleva a eso. A mi me gustan las historias con alma, pero reconozco que muchas veces me acerco a historias por su portada. Claro, ya si luego leo la sinopsis y me suena, pues le doy la oportunidad. Sino, muy bonita portada, pero ahí te quedas.
Oye, Despacito no está TAN MAL. 🤣🤣🤣🤣
Omg!!! Mejor ni pensar en el baño, igual tienes razón en lo de usar pañales, 😂. Uff, yo no serviría para vender así. Y siempre historias con alma.
Bendiciones q damos por sentadas: Un baño limpio fuera de casa. El amor entra por los ojos y siempre una buena portada es ventaja, misma q se va a perder o a quedar dependiendo de la contraportada. La otra apuesta para q el libro sea tomado en cuenta es sin duda, habértelo topado previo en redes sociales. No soy de comprar el libro solo por la portada... casi no, lol!