Diatribas de una escritora: El mito del trauma obligatorio (o por qué no quiero salvar a nadie)

Publicado el 12 de junio de 2026, 11:44

 

Estoy de los hombres atormentados hasta los mismísimos ovarios.

Perdón, pero esto era una necesidad que tenía. Llevo muchos meses queriendo hablar sobre este tema y hoy era el día. ¿Qué coño está pasando en la ROMCOM? Pareciera como si en la comedia romántica actual, si el protagonista masculino no arrastra un pasado oscurísimo, un trauma infantil sin resolver o el alma rota en mil pedazos, no es digno de llevar la etiqueta de héroe. Eso sí, tiene dinero a raudales, no hay calculadora que cuente sus cifras, usa avión propio, helicóptero y elige coche como el que elige la chaqueta por la mañana ante el armario abierto. Por supuesto, él no tendrá un armario de IKEA, sino un vestidor en el que cabría mi casa.

Nos están queriendo inculcar (bueno, a mí a estas alturas de la vida ya no, pero hablo con mis alumnas y todos sus prototipos ideales son los que, como madre, no quisiera ver entrar por la puerta de mi casa) la idea de que el verdadero atractivo reside en el misterio del sufrimiento ajeno y en esa necesidad, casi maternal y ciertamente kamikaze, de salvarlo de sus propios demonios.

Muy probablemente, uno de los grandes culpables y predecesores de esta epidemia moderna es Christian Grey. Él nos dejó en herencia ese patrón tan dañino como agotador: el millonario inaccesible con traumas de manual que cambia mágicamente gracias al amor incondicional de una mujer. Una fantasía que, además de irreal, resulta bastante aburrida cuando se repite en bucle en el noventa por ciento de las novedades literarias. Varios han sido los libros que he leído en lo que va de año y a los que no he reseñado por no ser cruel. Estoy del copy-paste hasta, ya saben, los ovarios.

Pues miren, yo me niego a caer en el juego.

A estas alturas de mi vida, lo que de verdad resulta sexy en el mundo real no es un tipo torturado que no sabe lo que quiere, que confunde el misterio con la mala educación y que te amarga la existencia en cada página mientras gestiona su dolor existencial. Eso, en la vida real, se llama inmadurez y se cura con terapia, no con un romance.

Lo que de verdad tiene atractivo es un hombre maduro y resuelto. Alguien que sabe perfectamente dónde tiene el norte, sin necesidad de actuar yo como su brújula o su GPS (que como sea muy jovencito, igual no tiene ni pajolera idea de cómo usar la primera). Un hombre que hace reír con inteligencia y con el que se puede tener una conversación normal en la cocina, un martes cualquiera, sin necesidad de desenterrar fantasmas del pasado cada cinco minutos. Yo quiero —y espero que también quienes me leen— leer sobre hombres reales, con sus defectos mundanos, sus días malos y sus manías, por supuesto, pero sin que lleven un cartel invisible de proyecto de rehabilitación pegado en la frente.

Como escritora de comedia romántica, me niego en redondo a meter en las historias a tíos que necesitan un psicólogo antes que una pareja. El amor no es una ONG ni una clínica de desintoxicación emocional. Las mujeres reales no están ahí para arreglarle la vida a nadie ni para ejercer de faro en la oscuridad de ningún alma perdida. Bastante tenemos ya con gestionar las facturas, el trabajo, el reloj y nuestras propias vidas.

Yo osaría decir que la verdadera tensión romántica y el humor nacen cuando dos personas adultas, completas y funcionales, se encuentran y deciden complicarse la existencia juntas por puro placer, no por necesidad de salvarse mutuamente.

Ahora dime: ¿De verdad te sigue atrayendo el mito del chico malo atormentado o ya va siendo hora de empezar a exigir en la ficción hombres sanos que sumen y no resten? Te leo en comentarios.

Muaaackis...muaaackis

Elva

 

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Comentarios

Silvia
hace 7 días

No, no. no, ni se te ocurra caer en ese juego. S8 me gustan tus historias es por su credibilidad y por tus personajes. No quiero hombres atormentados.