No te descubro la pólvora, menos aún si me sigues por el Canal y estás suscrita a la Newsletter. No es la primera vez que cuento que, si en mi ciudad hay una fiesta, esta pasará por delante de mi ventana. Hace unos años no me enteraba de nada de lo que ocurría, pero ahora que vivo en el centro histórico, tengo todas las procesiones desfilando ante mis ojos y, dicho desde el respeto, a veces tengo la impresión de que aquí se venera a todo santo existente. Y bueno, luego están las Fallas y, ahora, los Moros y Cristianos...
En mi calle tengo una hermandad de Semana Santa y una comparsa mora. En sus respectivas fiestas montan sus «cositas». Obviamente, la segunda es más divertida y ruidosa. Recuerdo que el verano pasado cortaron la calle varias veces para juegos infantiles, paellas y alguna verbena. Todo estaba bajo control. Éramos conscientes de que un par de noches de julio tocaba fiesta, pero el resto del año mi calle era un remanso de paz: el silencio solo se rompía por algún pájaro, un coche despistado y, claro, las cornetas, los tambores o las dulzainas.
A los vecinos de la izquierda ni los oigo —ventajas de vivir en una casa antigua de muros gruesos, esos que aíslan del ruido, el calor y el frío—. A la derecha, por curiosidades de la vida, tenía un refugio gatuno. Los gatos eran vecinos ejemplares; ni un miau les escuché en dos años. El único susto de muerte me lo dio uno que se escapó y se nos coló en casa.
Hace unos meses los gatos se mudaron y empezaron a aparecer unos cuantos críos con pinta de pijos de la zona a limpiar el local. Las alarmas saltaron en mi cabeza y le dije a maridín: «¿No será una comparsa?». Ja, ja, ja, ya lo decía mi abuela: «pelos de bruja». Lo era, y lo es.
Todo iba bien. Durante los partidos del Mundial se reunen para ver a la Roja con la exaltación lógica y normal, pero ayer hubo verbena. Inauguraron las fiestas patronales de la ciudad. No me quejaré, a la una y media ya no se escuchaba nada y, en esta santa casa, a esa hora ni nos habíamos acostado. Pero lo surrealista de la noche fue que, a medianoche, en mi calle solo se escuchaba a Los Sabandeños cantando Islas Canarias. Estuve a punto de salir al balcón y decirles:
«Vale, les doy mi visto bueno, no hace falta que me hagan la pelota».
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Comentarios
Jajajajaja que casualidad . Yo la verdad es que estoy a las afueras del pueblo y no me entero de nada
Yo antes no me enteraba de nada, ahora estoy en el epicentro, ja, ja, ja
Ja, ja, ja, eso fue en tu honor para que no te quejarás.
Me has arrancado la carcajada, nada más empezar a leer pensaba:¿cómo termina esto?
Esto ha sido una sorpresa, no esperaba tener lectura hoy, Me has arrancado la sonrisa.
😂😂😂Me encanta, todas las anécdotas te dan una excusa para transformarla en post.