Hay libros que te atrapan porque te guiñan un ojo y te dicen: «Tranquila, sé perfectamente por lo que estás pasando». Eso es exactamente lo que hace Lindsey Kelk en Love Story.
La protagonista, Sophie Taylor, es profesora y escritora de éxito a escondidas bajo un seudónimo. Y claro, al leerlo, una no puede evitar mirarse al espejo.
¿Profesora y escritora de romcom? Check.
¿Con ganas, más de una vez, de enviarlo todo a paseo y buscarme un pseudónimo para que no me reconozca ni el gato del vecino? Check absoluto.
De hecho, igual has leído alguna novela mía bajo otro nombre y ni te has enterado. Who knows?
¿Reconocerías mi estilo si me leyeras bajo otro nombre?
Sophie carga, además, con una familia de intelectuales, ya sabes de esos que se creen «de los de verdad». De los que miran la novela romántica como si fuera el enemigo público número uno.
Mmm...Me resulta familiar.
Porque ahí estoy yo: licenciada en Filología Inglesa, con mi título colgado en la pared, para terminar escribiendo comedias románticas. Hay quien me ha dicho que es un desperdicio; yo digo que es mi mayor victoria.
¿Acaso no es la literatura, en el fondo, una forma de contar la verdad disfrazada de ficción?
En la novela entra en escena Joe Walsh, un director creativo tan despampanante como insoportable, de esos que parecen sacados de una portada clásica, pero con mala leche. Juntos suman una combinación letal de odio a primera vista, forced proximity —lo de compartir una cabaña es un clásico que nunca falla, aunque en la vida real yo prefiero mi sofá— y una tensión dialéctica deliciosa.
Pero lo mejor no es solo el tira y afloja entre ellos. Es el homenaje irónico al propio género.
Kelk pone sobre la mesa ese eterno complejo de inferioridad con el que todavía se juzga a la novela romántica y defiende, sin pedir disculpas, el derecho a la evasión, a las historias que nos hacen disfrutar y a un happy ending sin complejos.
Porque no, leer romántica no nos hace menos lectores. Y escribirla tampoco convierte a nadie en un escritor de segunda.
Es una lectura ágil, inteligente, con diálogos afilados y unos secundarios que consiguen sacarte de quicio en el momento justo. Una gozada para quienes disfrutamos de la romántica sin filtros almibarados y sabemos que un buen libro puede ser, también, una estupenda manera de esconderse del mundo durante unas horas.
Y quizá por eso me ha gustado tanto.
Porque, entre risas, pullas, tensión sexual y una buena dosis de romance, Love Story acaba hablando de algo bastante más serio: del derecho a contar las historias que nos dé la gana y a disfrutarlas sin tener que justificarnos.
Y eso, para una escritora de romántica, siempre es una pequeña victoria.
Si buscas una comedia romántica que se ría de los tópicos mientras te atrapa sin remedio, búscale un hueco. Este domingo puede ser un buen momento.
Añadir comentario
Comentarios