MISMAMENTE YO: CUANDO MI CEREBRO SE VA DE MARGARITAS

Publicado el 4 de septiembre de 2026, 9:15

 

Hay superpoderes de los que nadie presume, pero que salvan vidas. Uno de ellos es la capacidad milagrosa de poner cara de interés absoluto mientras el cerebro hace la maleta, apaga la luz y se sienta a tomarse unos margaritas de fresa en una terraza.

Lo confieso. Lo hago. Y me apuesto unas margaritas a que tú también.

El proceso es milimétrico. Te encuentras con el clásico ejemplar humano que no te va a contar simplemente que no le gustó un restaurante. No. Para explicarte que la tortilla llevaba demasiada cebolla, ese ser de luz necesita remontarse a la prehistoria, detallarte el atasco de la circunvalación, enumerar a los tres primos con los que se cruzó en la acera de enfrente, comentarte que la mercería de la esquina ha cerrado —una pena, oye, la dueña se llamaba Manoli— y, finalmente, llegar al meollo de la cuestión.

En el minuto dos, mi cerebro, en un alarde de pura higiene mental, conecta el piloto automático del receptor de chapa y se marcha. Mientras tanto, mi cuerpo sigue erre que erre cumpliendo con el protocolo social. Sigo ahí, erguida, con una sonrisa apacible, parpadeando a un ritmo normal y ejecutando ese movimiento de cabeza vertical que asiente con la convicción de una feligresa entregada. Claro, niña. Qué me dices. Fíjate.

¿Dónde estoy yo en ese preciso instante?

Pues depende del día. A veces estoy resolviendo el nudo de la escena que tengo a medio escribir en la novela, buscando la réplica mordaz perfecta para la protagonista. Otras, estoy pensando en mis queridísimos alumnos, esos a los que un día quiero y otras quisiera lanzar por la ventana.

Porque, entiéndeme, justo en clase a veces también querría poder desconectar, poner el piloto automático y dejar que mi cuerpo siguiera explicando mientras mi cerebro se iba tranquilamente a tomarse unos margaritas de fresa. Quizá tendría que farmear aura. Punto en la boca. Aunque, pensándolo bien, algunos de mis alumnos ya me dicen que soy una GOATY no hablan de cabras. Así que igual no voy tan mal.

 

Lo reconozco: lo mío viene de lejos.

De hecho, a veces pienso en aquella compañera de clase de los tiempos del COUImagina la situación: las dos en medio del patio y mi compañera soltándome un rollo descomunal. Podía empezar hablándote del examen de Historia y terminaba… No sé con qué terminaba, porque me era del todo imposible seguirla. Ojalá hubiese podido darle a duplicar la velocidad.

No había manera humana de escapar de sus soliloquios. Ella no mantenía conversaciones: eran monólogos. Ya le hubiese gustado a Shakespeare tener su destreza.

Yo me limitaba a sonreír y a asentir con la paciencia de una santa. Ahora que lo pienso, seguro que brillaba en aura y sin farmear. Ja, ja, ja. Y ahora me ha entrado una duda: 

¿Y si quedé de verdad con ella para prestarle mis apuntes de Filosofía y nunca aparecí?

Porque aquello era antes de los móviles. No había WhatsApp, ni mensajes, ni manera de localizar a una persona que se había quedado esperando en algún lugar. Así que igual continúa en la puerta de lo que fue nuestro instituto, con la carpeta forrada con fotos de Hombres G, esperando a que yo aparezca.

A veces me la imagino allí, cuatro décadas después, exactamente en el mismo sitio. Y lo peor es que, si algún día me la encuentro, probablemente continuará la conversación exactamente donde la dejamos. Y yo volveré a asentir. Oye, una cosa es desconectar y otra muy distinta reconocer que llevas cuarenta años sin enterarte de qué iba la conversación.

En fin. Si algún día ves a una mujer con una carpeta forrada con fotos de Hombres G esperando a alguien a la puerta de un antiguo instituto, avísame.

Puede que sea ella. O puede que simplemente lleve cuarenta años esperando a otra persona. Aunque, conociéndome, tampoco descartaría que fuese yo la que sigue allí, asintiendo.

Y ahora dime una cosa, tú que me lees: ¿cuánta gente crees que sigue esperando a que vuelvas de tu último viaje mental a otra galaxia, o también tienes el superpoder de sonreír y asentir mientras tu cerebro está de cañas en otra parte?

Muaaackis...muaaackis

Elva

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