Mismamente yo: CUANDO LA CALLE SE CONVIERTE EN VENECIA, PERO SIN GÓNDOLAS...

Publicado el 18 de septiembre de 2026, 10:31

 

Tenía preparado el guion perfecto para hoy, pero las sorpresas de la vida a veces te cambian los planes de un plumazo. Cuando la realidad decide superar a cualquier borrador de novela, lo único que queda es coger papel, boli —o lo que quede a salvo en las baldas altas— y ponerle un poco de esa fina ironía a lo que bien podría ser una escena digna de cualquier comedia romántica, aunque con bastante más fango del deseado.

Queridas musas, hados y demás tropa celestial: tengo imaginación de sobra para crear mundos, inventar enredos y retorcerle el destino a mis protagonistas sin necesidad de pasar por sustos en primera persona. Así que, por favor, dejad de jugar conmigo de esta manera.

Si lo del miércoles noche era un taller vivencial para que yo experimentara en mis propias carnes lo que sintió Julieta en Bajo la luz de las estrellas, te confieso que el método deja bastante que desear. No hacía falta que mi calle se transformara en un río caudaloso, ni ver a dos valientes salir huyendo de su coche entre gritos mientras intentábamos aguantar el tipo con las barricadas en la puerta de casa.

Menos mal que mis padres invirtieron en aquellas clases de natación de la infancia, porque por un momento llegué a plantearme si mi capacidad pulmonar seguía intacta para una inmersión no planeada en el recibidor.

Bueno, no exagero tanto. El agua se quedó en los tobillos, pero la estampa merecía foto: mientras maridín aguantaba el fuerte en la trinchera de la entrada y contemplábamos cómo las olas de los coches intrusos se colaban en el salón, el pródigo y una servidora nos convertimos en un equipo de salvamento exprés.

Ordenador, impresora y libros sagrados, a buen recaudo escaleras arriba en tiempo récord. El resto de la noche y la madrugada se resumió en estar bajo la luz de las linternas y sacar agua y fango con una mezcla de estoicismo y risas flojas.

Ayer tocó terminar de adecentar, respirar hondo y pensar en lo que pudo haber sido y, afortunadamente, quedó en un susto con daños materiales y mucha anécdota.

A ver si un día de estos aprendemos de una vez por todas a enviar las alertas a tiempo, y no cuando el agua ya ha decidido regalarte una piscina cubierta en el rellano.

Por cierto, entre chaparrón y chaparrón, las noticias de las ARC con las que abría la semana no han hecho más que darme alegrías increíbles.

Al final, los libros salvan de todo. Incluso de una riada.

¿Cuál ha sido el último giro de guion que te ha regalado la vida sin pedirlo? 

Muaaackis...muaaackis

Elva

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