Reseña: The wake-up call (Bajo el muérdago)

Publicado el 25 de octubre de 2026, 9:00

Beth O'Leary, un hotel en quiebra y el arte de no tirarse los trastos a la cabeza antes del desayuno

Si hay algo que me gusta de Beth O'Leary es que sus novelas no necesitan millonarios atormentados ni vidas de catálogo para poner en marcha una historia. Sus personajes tienen trabajos, facturas, problemas bastante terrenales y una capacidad envidiable para complicarse la existencia justo cuando todo parece suficientemente complicado.

En The Wake-Up Call (Bajo el muérdago), la autora nos traslada al Hotel Forest Manor, un establecimiento familiar en el New Forest que agoniza al borde del cierre. Y, en mitad de ese panorama, tenemos a Izzy y Lucas, dos empleados que se llevan tan rematadamente mal que la gerencia ha llegado a prohibirles coincidir en el mismo turno. Todo sea por la tranquilidad del resto de la plantilla.

La novela está narrada en primera persona por ambos protagonistas, lo que nos permite conocer sus pensamientos y entender qué hay detrás de esa guerra particular. Aunque, en algunos momentos, sus voces no se diferencian tanto como me habría gustado, la pareja protagonista tiene su aquel. Izzy es optimista, creativa y de espíritu libre; Lucas, siendo brasileño, es el epítome de la seriedad británica, parece llevar permanentemente puesta una coraza de amargado oficial que esconde más inseguridades de las que está dispuesto a reconocer.

Reconozcámoslo: al principio, su dinámica de piques y malentendidos, arrastrando el rencor de un desastre navideño anterior, puede llegar a sacarte de quicio. Dan ganas de sentarlos frente a frente y explicarles que hablar como adultos no está reñido con conservar la dignidad. Pero claro, si lo hicieran a la primera, nos quedaríamos sin novela. Y por si el panorama no estuviera suficientemente entretenido, por ahí ronda Louis, uno de esos personajes masculinos que consiguen caerte mal en cuanto abren la boca.

Por suerte, el hotel no vive únicamente de las idas y venidas de sus dos empleados. Los secundarios aportan buena parte del encanto de la historia: desde los propietarios, los Singh-Bartholomew, hasta el personal de cocina, con Arjun y Ollie, sin olvidar a la entrañable «pobre Mandy». También hay guiños cinéfilos, entre ellos alguna referencia muy bien traída a Love Actually, que encajan estupendamente con el tono de la novela.

Mientras Izzy y Lucas intentan sobrevivir a sus turnos compartidos, el hotel se enfrenta a una carrera contrarreloj para evitar el cierre. La organización de una boda de alta sociedad debería ser una oportunidad para salvar el negocio, pero, con un edificio que amenaza con venirse abajo y dos protagonistas que no siempre saben distinguir entre discutir y coquetear, la tranquilidad no parece estar incluida en el servicio.

Y luego está la caja de objetos perdidos. Esa colección de anillos olvidados, que alguien tendrá que devolver a sus legítimos dueños, acaba convirtiéndose en una de las partes más especiales de la novela. La búsqueda conecta con el pasado de Izzy y con sus propias pérdidas, y aporta una mezcla de ternura, humor y emoción que va mucho más allá de la misión de localizar a sus propietarios. Para mí, es uno de los elementos que mejor equilibran los piques de la pareja y le dan algo más de profundidad a la historia.

Como cabe esperar, la convivencia y la investigación conjunta van haciendo su trabajo. Entre roces, orgullo y sentimientos que ninguno parece dispuesto a reconocer a tiempo, la química termina abriéndose paso. Y sí, hay que tener paciencia con ellos, pero también hay algo satisfactorio en ver cómo empiezan a mirar al otro de una manera distinta cuando dejan de quedarse únicamente con la primera impresión.

Con un desenlace entrañable en un aeropuerto y esa atmósfera acogedora que invita a inaugurar la temporada de mantita y café caliente, The Wake-Up Call me ha resultado una lectura fácil y muy disfrutable. ¿Es mi novela favorita de Beth O'Leary? No. The Flat Share sigue jugando en otra liga para mí. Pero eso no quita que esta historia tenga suficientes personajes interesantes, situaciones divertidas y momentos emotivos para pasar un buen rato.

Y, de paso, nos recuerda que a veces conviene dejar de lado el orgullo, hablar claro y ahorrarse unas cuantas vueltas innecesarias. Aunque, si los protagonistas de las comedias románticas hicieran eso desde el principio, las escritoras tendríamos un problema.

Menos perfección de catálogo y más tensión de pasillo de hotel. Si te apetecen una pareja que empieza con mal pie, un hotel que necesita un milagro y una historia con algo más debajo de los piques, Beth O'Leary puede acompañarte estupendamente en una tarde de sofá.

Muaaackis...muaaackis

Elva

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