¿Conoces el cuadro Saturno devorando a su hijo? Es una de las pinturas negras más célebres de Goya: aterradora y, al mismo tiempo, increíblemente atrayente. Si no recuerdo mal mis clases de Arte de COU —sí, soy del siglo pasado; hay quien ni siquiera conocerá las siglas, ja, ja, ja—, Saturno devora a sus propios descendientes por miedo a que alguno termine arrebatándole el poder. Una bonita manera de gestionar la inseguridad, desde luego.
Pues bien, algo muy parecido ha hecho mi yo teacher esta semana.
Igual tengo una doble personalidad al estilo del doctor Jekyll y míster Hyde —aunque no creo que mi otra mitad sea precisamente maligna, ja, ja, ja—. El caso es que mi versión armada con el bolígrafo verde ha fagocitado sin piedad a mi yo escritora. De ahí mi desaparición de las redes durante estos dos últimos días. Entre clases, explicaciones y obligaciones académicas, me han devorado viva.
Pero hoy, primer día de un larguísimo fin de semana y sin necesidad de madrugar para despertar a los pajaritos, la escritora vuelve a ganar terreno.
Bueno, lo gana a medias, porque sobre mi mesa de trabajo siguen amontonados los writings a la espera de ser corregidos. Sí, porque los profes tenemos deberitos durante el fin de semana y no todo van a ser musas y romances.
Aun así, por fin respiro. Y espero que mi yo teacher me conceda una tregua, porque mi yo escritora tiene unas cuantas cosas pendientes y no piensa pasarse el fin de semana entero esperando a que termine la jornada laboral.
Y ahora te toca a ti. Cuéntame: si escribes, ¿también te absorbe la rutina laboral hasta robarte las palabras? Y si lo tuyo es leer, ¿qué obligación de tu día a día te quita esos ratos que tanto disfrutas con un libro?
Te leo
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